El Santo Rosario, una oración centrada en Cristo

 
En numerosos documentos del Magisterio de la Iglesia se recoge abundante doctrina acerca de la importancia en la vida del creyente la meditación asidua de los misterios de nuestra redención a partir del rezo del Santo Rosario.

Con León XIII en el año 1884 en la carta encíclica Superiore anno se da un fuerte impulso al rezo del Santo Rosario, pidiendo el Santo Padre su meditación continua pidiendo la poderosa intercesión de la Madre de Dios, a la vez que, afirma el Papa, se sigue una inspiración y el ejemplo de nuestros predecesores que, en los tiempos más difíciles de la Iglesia, con un celo de piedad cada vez mayor, tenían la costumbre de buscar refugio con la Virgen Augusta e implorar su ayuda con fervor y oraciones. En los momentos convulsos por los que el mundo en esas circunstancias pasaba, no dudaba la Iglesia en recomendar y pedir el auxilio del Cielo implorando con la oración del Rosario la ayuda de la Virgen.

Ya un año antes, en 1883, el papa León, con la EncíclicaSupremi Apostolatus Officio, del 1 de septiembre de 1883, nos recuerda que fue precisamente en los peligros del siglo XVI cuando las fuerzas imponentes de los turcos amenazaron con imponer a casi toda Europa el yugo de la superstición y la barbarie. En esa circunstancia, el Papa San Pío V, después de haber instado a los príncipes cristianos a defender una causa que fue la causa de todos, en primer lugar se volvió su celo para lograr que la Madre de Dios más poderosa, invocada con las oraciones del Rosario, viniera en ayuda del pueblo cristiano. Siendo este el acontecimiento fundante por el cual se instituye la fiesta de la Virgen del Rosario por el papa Gregorio XIII y pidiendo que María fuera constantemente recordada bajo esta advocación: del título del Rosario.

Después vendrán otros Papas que harán memoria de este acontecimiento y de la importancia del Rosario en la vida del cristiano como Pío XII, Juan XXIII y Pablo VI; sin embargo, resalta de manera particular la carta apostólica del papa san Juan Pablo II llamada Rosarium Virginis Mariae publicada el 16 de octubre del 2002, donde evocando los misterios del Santo Rosario, no solo instituye en su calidad de Sumo Pontífice los “Misterios de la Luz” haciendo ahí eco del ministerio público de Jesús, sino, ante todo, dándole el lugar que le corresponde a la meditación del Rosario: la dimensión cristológica a través de la mirada de la Virgen María: El Rosario, en efecto, aunque se distingue por su carácter mariano, es una oración centrada en la cristología. Ya esto había sido explicitado por San Pablo VI en Marialis cultus;sin embargo, San Juan Pablo II lleva a su mayor comprensión esta comprensión ya vivida y encarnada en el Pueblo Santo de Dios: aunque sea un rezo inminentemente mariano, su fundamento se encuentra en la misma Persona de Jesús y en la meditación de los misterios que dan nueva vida al creyente.

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noviembre 19, 2019

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