Nuestra Iglesia: un lugar seguro

Por: Pbro. Jorge Armando Quirós

Con mucho dolor para la Iglesia, se han constatado, en estos últimos años, las diversas denuncias sobre abuso sexual de menores por parte de clérigos y personas consagradas. Las primeras denuncias de este delito se hicieron en Canadá, Estados Unidos, Irlanda y Australia, en la década de los ochenta. Las víctimas denunciaron no sólo la violencia sexual por parte de los sacerdotes, sino también el encubrimiento de los hechos delictivos por parte de los Obispos diocesanos o Superiores de Congregación.

Actualmente, es la Iglesia Católica en Chile, quien ha sufrido este flagelo al revelarse los abusos y el encubrimiento, que por muchos años, estuvieron impunes. El Papa Francisco ha pedido perdón a la iglesia chilena, expresando “su dolor y vergüenza por el daño irreparable causado a los niños por algunos ministros de la iglesia”.

De hecho, en el 2014, el Papa Francisco, creó la Comisión Pontifica para la Protección de Menores, presidida por el cardenal Sean O´Malley. Esta comisión tiene la misión de “hacer de la Iglesia un hogar seguro para los niños, adolescentes y adultos vulnerables”. Además de esto, se han incluido nuevos protocolos y directrices para los obispos que reciban acusaciones por parte de víctimas de abuso.

En este sentido, el Papa Francisco, en un comunicado a todos los obispos del mundo, exhortó a los prelados a asumir “la consigna de tolerancia cero” y a implementar las “medidas necesarias y proteger en todo la vida de nuestros niños para que tales crímenes no se repitan más”.

El Pontífice quiere no sólo que se detengan estos abusos por parte de quienes deberían ser los defensores de los indefensos, sino también crear una cultura de protección que haga de la Iglesia un hogar seguro.

Del lunes 2 al jueves 5 de julio, tuvo lugar el V Encuentro Nacional de Sacerdotes, en el Seminario Nacional Nuestra Señora de los Ángeles. Esta actividad, que reunió alrededor de 130 sacerdotes de todo Costa Rica, se centró en la problemática de los abusos de menores por parte de sacerdotes. El encuentro tuvo como finalidad hacer conciencia en los clérigos y en los futuros sacerdotes, sobre la relevancia de este tema para nuestro país.

El tema se abordó desde diversos puntos de vista (psicológico, pastoral, legal y canónico) y con charlistas de alto nivel como el pbro. Hans Zollner, miembro de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores y presidente del Centro para la Protección de la Infancia de la Pontifica Universidad Gregoriana. Las charlas desarrollaron los temas con claridad y sin “tapujos”, tratando de impactar en los oyentes para generar soluciones y propuestas de prevención de abusos de menores por parte de sacerdotes para la provincia eclesiástica de Costa Rica.

Como fruto de tan valioso encuentro, se consideró que “no hay justificación para no actuar, es necesario un protocolo correcto para no improvisar y causar más daño a la víctima, al victimario y a la Iglesia. Debe haber un compromiso eclesial serio y responsable para hacer frente a los errores del pasado; por lo tanto, la Iglesia (en Costa Rica) debe proteger al menor como prioridad pastoral, debe ser líder y modelo en esta materia, un signo de esperanza para la víctima y su familia y ofrecer programas que provoquen y favorezcan entornos seguros para todos”.

En la actualidad, la Iglesia costarricense espera la aprobación de las “Líneas guía del procedimiento a seguir en casos de abuso sexual a menores por parte del clérigo”, realizadas por la Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR) y la creación de comisiones diocesanas para la protección de menores.

El tema de los abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes es un tema delicado, complejo y sensible. Por amor a Dios y a los más débiles, la Iglesia Católica en Costa Rica debe comprometerse a asumir su función de profetismo hablando con claridad y denunciando a aquellos que quieran aprovecharse de las personas más vulnerables. Asimismo, debe tomar decisiones prontas y eficaces no sólo que protejan a las víctimas, sino también que generen la cultura de protección que el Papa Francisco desea.

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